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John Forbes Nash Jr, quizá este nombre no os suene mucho, pero si os digo "Una mente maravillosa" es posible que os suene algo más. Por suerte o por desgracia, historias de tipos como John Forbes solo se dan a conocer si hacen grandes producciones cinematográficas como esta, historias dignas de contar, y ésta no tiene mejor título, una mente maravillosa.
John Forbes Nash Jr. estadounidense nacido en 1928 es un economista y matemático que padece esquizofrenia y que recibió el premio Nobel de economía en 1994 por su teoría de juegos.
Pero empecemos por el principio, este maravilloso personaje tuvo una infancia marcada por su dificultad a la hora de las relaciones sociales, lo cual le hacia tener una imagen de cierto retraso, aunque en su casa ya comenzaba a realizar experimentos científicos, esto unido a su comportamiento y sus inquietudes dejaban entrever una extraordinaria capacidad intelectual.
La principal característica de Nash a lo largo de su vida fue un profundo egocentrismo que le impedía comprender a las demás personas, esto le causaba grandes problemas tanto en el ámbito afectivo como en el intelectual, este egocentrismo hizo que se refugiara en si mismo algo que ayudó y afectó, en partes iguales, a su maravillosa mente.
Con 20 años solicitó entrar como alumno en la universidad de Princeton bajo una carta de recomendación escrita por su profesor R.J. Duffin, esta carta solo tenía una frase: "Este hombre es un genio".
Tras terminar brillantemente sus estudios en Princeton empezó a trabajar en la RAND, institución de las fuerzas aéreas de EEUU que se dedicaba a la investigación estratégica a principios de la guerra fría.
Más tarde comenzó a dar clases en el MIT, instituto tecnológico de Massachussets, donde conoció como alumna a su futura mujer, Alicia Larde.
A estas alturas de la vida de Nash, su esquizofrenia era ya manifiesta. Comenzó a sufrir alucinaciones donde veía que las personas se comportaban de forma muy extraña con él, tomaba a estas personas como comunistas que iban detrás de él ya que también pensaba que estaba ayudando al gobierno a descifrar mensajes ocultos procedentes del comunismo. Tras un primer ingreso en un psiquiátrico, viajó a Europa por distintos países pidiendo ser refugiado político argumentando que estaba siendo perseguido por comunistas. Volvió a América y fue internado de nuevo, consiguió recuperarse, aparte del tratamiento médico, aplicando una máxima matemática: todo problema tiene solución.
Gracias a esta recuperación consiguió volver a la docencia y a la investigación en Princeton. Y es en 1994 cuando recibe el premio Nobel de economía por su teoría de los juegos.
Pues sí, mejor nombre no pudo ponerle Sylvia Nasar a la novela basada en la vida de John Forbes Nash, "Una mente maravillosa", una mente que vivía, sufría y destacaba en dos mundos distintos.
John Nash describió su esquizofrenia paranoica con estas palabras: “Las cosas en mi universidad, el Instituto de Tecnología de Massachusetts, y después todo Boston estaban comportándose de una forma extraña... Comencé a ver comunistas en todos lados... Empecé a creer que era un hombre de una gran importancia religiosa y a escuchar voces todo el tiempo. Escuchaba algo como llamadas telefónicas en mi cabeza, hechas por gente opuesta a mis ideas... El delirio fue como un sueño, del cual parecía que nunca iba a despertar.”
John Forbes Nash Jr. estadounidense nacido en 1928 es un economista y matemático que padece esquizofrenia y que recibió el premio Nobel de economía en 1994 por su teoría de juegos.
Pero empecemos por el principio, este maravilloso personaje tuvo una infancia marcada por su dificultad a la hora de las relaciones sociales, lo cual le hacia tener una imagen de cierto retraso, aunque en su casa ya comenzaba a realizar experimentos científicos, esto unido a su comportamiento y sus inquietudes dejaban entrever una extraordinaria capacidad intelectual.
La principal característica de Nash a lo largo de su vida fue un profundo egocentrismo que le impedía comprender a las demás personas, esto le causaba grandes problemas tanto en el ámbito afectivo como en el intelectual, este egocentrismo hizo que se refugiara en si mismo algo que ayudó y afectó, en partes iguales, a su maravillosa mente.
Con 20 años solicitó entrar como alumno en la universidad de Princeton bajo una carta de recomendación escrita por su profesor R.J. Duffin, esta carta solo tenía una frase: "Este hombre es un genio".
Tras terminar brillantemente sus estudios en Princeton empezó a trabajar en la RAND, institución de las fuerzas aéreas de EEUU que se dedicaba a la investigación estratégica a principios de la guerra fría.
Más tarde comenzó a dar clases en el MIT, instituto tecnológico de Massachussets, donde conoció como alumna a su futura mujer, Alicia Larde.
A estas alturas de la vida de Nash, su esquizofrenia era ya manifiesta. Comenzó a sufrir alucinaciones donde veía que las personas se comportaban de forma muy extraña con él, tomaba a estas personas como comunistas que iban detrás de él ya que también pensaba que estaba ayudando al gobierno a descifrar mensajes ocultos procedentes del comunismo. Tras un primer ingreso en un psiquiátrico, viajó a Europa por distintos países pidiendo ser refugiado político argumentando que estaba siendo perseguido por comunistas. Volvió a América y fue internado de nuevo, consiguió recuperarse, aparte del tratamiento médico, aplicando una máxima matemática: todo problema tiene solución.
Gracias a esta recuperación consiguió volver a la docencia y a la investigación en Princeton. Y es en 1994 cuando recibe el premio Nobel de economía por su teoría de los juegos.
Pues sí, mejor nombre no pudo ponerle Sylvia Nasar a la novela basada en la vida de John Forbes Nash, "Una mente maravillosa", una mente que vivía, sufría y destacaba en dos mundos distintos.
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John Nash describió su esquizofrenia paranoica con estas palabras: “Las cosas en mi universidad, el Instituto de Tecnología de Massachusetts, y después todo Boston estaban comportándose de una forma extraña... Comencé a ver comunistas en todos lados... Empecé a creer que era un hombre de una gran importancia religiosa y a escuchar voces todo el tiempo. Escuchaba algo como llamadas telefónicas en mi cabeza, hechas por gente opuesta a mis ideas... El delirio fue como un sueño, del cual parecía que nunca iba a despertar.”


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